El carácter geoeconómico y geoestratégico de la biodiversidad
- SAUL ESPINOSA
- 25 ene
- 3 Min. de lectura
Issa Erandi Espinosa García
Estudiante de Economía
Instituto Politécnico Nacional
La biodiversidad se considera un recurso estratégico en el desarrollo de tecnologías avanzadas debido a su papel fundamental en diversas disciplinas tecnológicas, como la biotecnología, nanotecnología, electroinformática y energías renovables. Por ejemplo, en biotecnología, se emplean estructuras de ADN para desarrollar organismos genéticamente modificados, nuevos medicamentos y cosméticos. En nanotecnología, la biodiversidad facilita la creación de nuevos materiales a partir de compuestos orgánicos e inorgánicos, mientras que en el campo energético, la biomasa destaca como un recurso clave. Este recurso no solo es valioso para aplicaciones industriales, sino también militares, donde los estados capitalistas centrales lo controlan y aprovechan para propósitos estratégicos.

Colección de mariposas, Departamento de Parasitología Agrícola, Universidad Autónoma Chapingo. México.
La biopiratería se define como el uso de sistemas de propiedad intelectual para legitimar la apropiación y control exclusivo de conocimientos y recursos biológicos, sin reconocer ni recompensar las contribuciones de las comunidades indígenas y campesinas. Implica el saqueo de recursos biológicos, generalmente en complicidad con Estados-nación o instituciones periféricas, a cambio de sumas insignificantes o equipos técnicos.
La subordinación se debe a sistemas globales de biopiratería, en los cuales los espacios biodiversos son tratados como fuentes de recursos genéticos para biocapitales globales. Este saqueo es facilitado por acuerdos internacionales, préstamos condicionados del Banco Mundial, y la participación de elites locales que actúan como gestores de los intereses extranjeros.
Sistema agroforestal de cacao. Soconusco, Chiapas, México.
La biopiratería en América Latina opera como un sistema organizado que involucra actores internacionales y locales. Este proceso incluye la extracción de recursos biológicos y conocimientos tradicionales, en complicidad con Estados periféricos, para beneficio de capitales globales. Las implicaciones van más allá de lo económico, afectando las culturas indígenas, los ecosistemas y la soberanía nacional.
El espacio geográfico es visto por el biocapitalismo como un banco de genes destinado a la explotación por capitales biotecnológicos. Instituciones como Conservation International (CI) facilitan este proceso mediante acuerdos con corporaciones multinacionales y estados periféricos. A través de proyectos de bioprospección o biopiratería, CI y sus socios extraen recursos biológicos, a menudo justificándose en proyectos de conservación. Estas iniciativas homogenizan las políticas para facilitar el acceso a la biodiversidad y expulsan o subordinan a comunidades indígenas locales.
Árbol del Tule, Santa María del Tule, Oaxaca, México.
Un corredor biológico es un sistema de áreas protegidas interconectadas que busca integrar regiones biodiversas y prioritarias para su conservación, abarcando también asentamientos indígenas y campesinos. Su propósito es la protección ecológica, aunque en la práctica han servido para facilitar la explotación de recursos genéticos en favor de capitales globales bajo el disfraz de actividades conservacionistas.
América Latina posee una biodiversidad y una diversidad cultural únicas, resultado de su historia geológica, ubicación geográfica y microclimas. Regiones como los Andes Tropicales y la Amazonía concentran gran cantidad de especies endémicas. En cuanto a diversidad cultural, existen más de 800 grupos culturales indígenas que habitan principalmente en áreas protegidas. Estas comunidades, portadoras de conocimientos ancestrales, enfrentan procesos de exclusión y saqueo biocapitalista.
Nódulos de bacterias que fijan el nitrógeno en frijol, los microorganismos también son sujetos de biopiratería
Organismos como el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el BID, en colaboración con corporaciones multinacionales, implementan políticas que subordinan los recursos de países periféricos a intereses capitalistas globales. Operan mediante proyectos de conservación y bioprospección, presentados como iniciativas de desarrollo sostenible, pero diseñados para consolidar el control privado de recursos estratégicos.
Bosque de pino -encino, Zacatlán Puebla, México.
Los proyectos verdes del Banco Mundial, como el Corredor Biológico Mesoamericano, buscan la conservación de la biodiversidad bajo el pretexto del desarrollo sostenible. Sin embargo, estas iniciativas están orientadas a facilitar el acceso y usufructo de recursos biológicos por parte de corporaciones multinacionales, mientras imponen condiciones restrictivas a los estados nacionales.
Cañón del Sumidero, Chiapas, México.
México ha sido un espacio estratégico para proyectos como el Sistema Nacional de Áreas Protegidas (SINAP), impulsado por el Banco Mundial. Este programa, aunque presentado como una iniciativa de conservación, en realidad facilita la privatización y control extranjero de los recursos biológicos. Además, promueve reformas legales y administrativas para consolidar el acceso privado a la biodiversidad.
El Plan Puebla Panamá, asociado al Corredor Biológico Mesoamericano, fue una estrategia para integrar ecológicamente la región desde el sur de México hasta Centroamérica. Aunque planteaba objetivos de conservación, facilitó el acceso a recursos biológicos por parte de intereses privados internacionales bajo proyectos que vinculaban áreas protegidas con actividades de bioprospección.

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